literatura

CUENTO LA INAUGURACION DE LA ESCUELA DE LA PAZ

Las diez bombetas de triple trueno sacudieron la tranquilidad de La Paz de San Ramón. El eco pirotécnico se estrelló contra las frías montañas para devolverse a recoger la escasa neblina rezagada entre huertos, cañaverales y trapiches.
Eran las cinco de la mañana del 12 de oc­tubre de 1958. A esa hora don Tranquilino Ramírez ordeñó la última vaca, tomó café y empezó de inmediato con otros menesteres para llegar temprano a la inauguración de la escuela de La Paz.
Y es que esta bucólica comunidad aquel día amaneció de fiesta, ya que a partir de entonces tendría su escuela.
En ese tiempo todo era reciente: don Francisco Orlich ocho meses antes había perdido las elecciones contra don Mario Echandi Jiménez, apenas habían transcu­rrido tres años de la contrarrevolución, el Partido Liberación Nacional que precisamente se había fundado en esa comunidad ese día cumplía siete años y la sangrienta revolución de 1948 contaba con diez años.

Tanto acontecimiento y en tan poco tiempo, mantenía heridas abiertas, muchas familias estaban divididas y por eso es que se discutió con mucho ahínco respecto al nombre que llevaría la escuela.
Muchos dijeron que el de don Francisco Orlich por tratarse de un moncheño de pura cepa que había luchado como nadie por el progreso en La Paz.
Otros argumentaron que no podía llevar ese nombre porque era un irrespeto a don Mario Echandi Jiménez, decirle que se des­plazara a la mismitica Paz de San Ramón a inaugurar una escuela con el nombre de su más enconado rival político. Y como si fuera poco, el día que cumplía años el Partido Liberación Nacional.

Finalmente, por amplia mayoría se acordó que la escuela llevaría el nombre de Francisco José Orlich… pasara lo que pasara.

Don Tranquilino pertenecía al grupo de los orlichistas, de los que habían pujado para que la escuela llevara el nombre de su líder; por eso aquel día no podía faltar a tan magno acontecimiento.
Además, se había creado una gran expec­tativa. Muchos sostenían que don Mario no llegaría, que mandaría a un representante, y que si llegaba sería con una buena cantidad de policías.
Otros comentaban que sería don Chico Orlich el que estaría ausente porque no dejaba de ser incómodo encontrarse con quien le había ganado las elecciones recien­temente y después de una acalorada cam­paña electoral. Y existía un tercer grupo que dijo que no llegaría ni don Mario ni don Chico.
Por todas estas cosas fue que don Tran­quilino madrugó como nunca, pues no quería perderse ningún detalle.

Dejó su casa, llegó a la calle principal y ataviado con su mejor ropa y sombrero negro, se dispuso a caminar de Mercedes Norte a La Paz.
Pronto fue alcanzado por un carro cuyo conductor lo invitó a que subiera. Sin pen­sarlo dos veces se subió al yip y ya de cami­no, le comentó al chofer todo lo que se había dicho respecto al nombre que llevaría la escuela.

-Lo que no queremos es que llegue ese viejo de Mario Echandi. -Que hasta se dice que se robó las elecciones. – Aquí nadie lo quiere- y menos rodeado de policías como dicen que va a venir- Pero no llega, tiene que darle miedo, no ve que esta tierra es puro orlichismo.
Rato después el carro se detuvo donde ya había una buena cantidad de gente Don Tranquilino se bajó rápidamente pues había visto a don Francisco Orlich y corrió a saludarlo. Terminó el saludo, se apartó y dio campo para que don Chico saludara al solitario conductor del yip. Y por poco le da un infarto; cuando don Francisco estre­chó la mano del chofer y le dijo:

-¿Cómo te va, Mario?
En esta escuela se exhibe una fotografía en la que aparecen en su inauguración don Mario Echandi, don Francisco Orlich y un grupo de vecinos. Desde luego que no está don Tranquilino, pues con la torta que se jaló, buscó el monte temeroso de que lo encerraran.
Lejos estaba don Tranquilino de saber que no lo iban a buscar para meterlo a la cárcel por sus opiniones; ya que en esta singular inauguración, de esto hace más de cincuenta años, se empezó a reconstruir la Costa Rica que crecería en paz y libertad, superando odios y rencores.

Bibliografía:

Bermúdez León, A. (2010). Cuentos de pólvora, oro y sol. TIBAS, Costa Rica: Bermúdez León, Albán

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